Los Concejos en la Montaña de Riaño. Pequeñas pinceladas sobre su historia

“…el concexo y vecinos del lugar de Varniedo, estando xuntos y congregados, por son de campana tañida, como lo tenemos de uso y costumbre de nos xuntar para tratar y conferir las cosas tocantes al servicios de Dios, nuestro Señor, bien y provecho deste dicho concexo…”

Ordenanzas de Barniedo. 1632

A través de los estudios, documentos y las ordenanzas analizadas hemos podido comprobar como el Concejo era al pueblo como el pueblo era al concejo. Estos dos elementos constituyeron desde tiempos inmemoriales[1] un elemento indivisible para el buen funcionamiento de los pueblos y aldeas, las cuales se definían políticamente como comunitarismo con un alto grado de gobierno, lo que nos cabe preguntar si estas comunidades, durante la Edad Moderna tuvieron consciencia o sentimiento de pertenecer a un ente superior o simplemente consideraban a su concejo como el poseedor del poder fáctico de gobierno.

El poder del Concejo sobre el núcleo poblacional parece ser total, regía desde el pequeño comercio que se daba, los pastos, los montes, los cotos, los entierros,… una gran amalgama de temas relacionados con la vida en sociedad y el buen gobierno como así era denominado por las propias ordenanzas. Todo ello se hacía en base al derecho consuetudinario[2], el derecho tradicional transmitido de generaciones en generaciones, por tanto, el concejo es el mantenedor de las leyes y derechos tradicionales, quien juzgaba y sancionaba, quien regía y servía al interés común de una sociedad anclada en su pasado.

La zona geográfica estudiada presenta unas características geográficas que sirven de cápsula, de una gran cúpula en la cual el mundo parece detenerse y por tanto, los cambios sociales se han dado en menor cuantía, perdurando tradiciones ancestrales hasta bien entrados en periodos recientes.

Ligado al concejo estaba presenta la ley de la costumbre, la ley tradicional que venía de siglos pasados, el llamado derecho consuetudinario era el legislador de estas gentes que basaban su capacidad legal en la tradición, sus relaciones y su forma de vida en un derecho basado en la costumbre, en unas raíces profundas de sus cimientos sociales que mantenían a toda costa a través de la oralidad, pero que en tiempos más avanzados durante la Edad Moderna se registraron por escrito para hacer más visible el poder legislador de ese pasado en una sociedad que no aceptaba el cambio.

Ese aislamiento benefició a su autogobierno, pero también fue su condena a la hora de tener una mayor proyección económica, social y política, es decir, las comunidades de la Montaña de Riaño prácticamente fueron dueños y señores de sus tierras, de sus huertos y de sus montes, la intervención de jurisdicciones de realengo, señorial o eclesiásticos tuvo una menor incidencia que en otros lugares, pero a su vez fue su condena para una avance en todos los ámbitos.

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