Organización político-administrativa y territorial durante el reinado de Alfonso IX de León

…”hallándose dotado de todas las prendas que forman un buen Príncipe, como son la clemencia, la fortaleza, la destreza en las armas, y sobre todo la firme adhesión a la fé y religión Católica, comenzó a gobernar con tanta piedad, que se hizo acreedor del amor de todos sus vasallos”[1]

El 22 de enero de 1188, tras el fallecimiento de Fernando II y la lucha que se iniciaba por el ascenso al trono, también se abría un nuevo periodo para la historia del Reino de León, donde se producirán diversos cambios. Uno de los más destacados será en el plano institucional, donde se incorporarán nuevos elementos a la vida política del Reino que analizaremos en este apartado.

El apoyo que tiene el rey por parte de la nobleza viene dado por el hecho de que éste es el principal distribuidor de las riquezas del reino, gracias a esto, el rey tiene una serie de adeptos que serán muy útiles a la hora de contar con una fuerza militar. Todo ello precipitará a que los nobles tengan mayor peso en la política del reino. Este proceso tuvo un desarrollo desde Fernando I, siguiendo un cambio de asentamiento, con reyes que supieron aglutinar el poder como Alfonso VI, Alfonso VII, Fernando II,… De una u otra manera, tanto la nobleza como el reinado se vieron indisolublemente unidos para mantener las estructuras de poder.

La historiografía ha seguido una línea en la que se ha defendido que en el reinado de Fernando II se habían descuidado las arcas reales y se habían dejado crecer enormemente ciertos linajes. En los diferentes estudios que hemos manejado, esta es la postura que más se defiende. En cambio, Carlos Ayala afirma que no fue de esta manera, sino que Alfonso IX revocó al inicio del reinado algunas decisiones de su predecesor, como la recuperación de cilleros entregados a la Iglesia de Oviedo[2], pero es más lo confirmado por Alfonso IX que lo revocado, aunque sí es cierto que la monarquía supo hacerse con el control de la situación de desorden en los primeros tiempos de su reinado donde se achaca gran importancia a la Curia celebrada en 1188. Pero antes de hablar sobre tan afamada Curia analizaremos esta institución que servía al rey en la toma de decisiones.

El principal órgano institucional al más alto nivel era la curia regia, que tradicionalmente venía formada por los grandes magnates del reino y eclesiásticos, principalmente obispos, aunque en alguna ocasión se introdujeron abades de los principales monasterios. Estos personajes habían sido elegidos por el monarca para ser sus consejeros más cercanos. Por tanto, las principales funciones que tenían eran el axilium y el consilium. O’Callaghan vincula la aparición de las Cortes al proceso de reconquista, siendo un proceso de colonización de tierras que necesitaba de unas estructuras políticas que acometiese tal labor[3]. A la cabeza de esas Cortes se encontraba el rey, que era el jefe militar que tenía como primer objetivo la lucha contra el musulmán y la continua conquista de territorios. En los inicios de la reconquista, la monarquía tiene un poder fuerte, pero con la expansión del territorio, esa nobleza consigue un mayor poder, existiendo una relación de vasallaje hacia la figura del rey. Lo que este autor muestra es que esa nobleza que acompaña al rey en su avance reconquistador se hace fuerte e incontrolable en el ejercicio del poder, por lo que Alfonso IX tiene la labor de revertir esta situación

La sociedad leonesa estaba jerarquizada de tal manera que en la cúspide se encontraban los magnates, aunque también reciben otros nombres como: potestas, optimates o ricos hombres[4]. Estos hombres desempeñaban un papel principal en el gobierno del reino, algunos de sus cometidos era llevar a cabo la administración de una parte del territorio del reino, recaudar impuestos y ejercer la justicia. La relación entre la nobleza y el rey se nutría entre ambas, pues el rey esperaba de la nobleza fidelidad y ayuda en el gobierno y mantenimiento del poder real, mientras que la nobleza buscaba beneficiarse de esta fidelidad a través de suculentas recompensas, con heredades o privilegios, así como la concesión de tenencias.

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El ascenso al trono de Alfonso IX de León

“… su voz cuando estaba airado se parecía al rugido del león”.

Jiménez de Rada. De rebus Hispaniae

alfonso ix

Alfonso IX. Miniatura del Tumbo A. Catedral de Santiago de Compostela

Como recoge el Chronicon Conimbricense, el 15 de agosto de 1171, a la hora tercia, nacía en Zamora don Alfonso, hijo de Fernando II y Urraca Alfonso, reyes de León. Tres años más tarde, en junio de 1175, la reina se retiraba a un monasterio, pues ese matrimonio era declarado nulo debido al grado de consanguinidad. En consecuencia, la tutoría del joven infante don Alfonso recaía en manos de una nodriza real, María Ibáñez, junto al matrimonio formado por Adán Martínez y María Díez[1]. Para guiarle en sus primeros pasos en la Corte, Fernando II encomendó esta labor al conde Armengol de Urgel y Juan Arias. Por lo tanto, desde muy joven se inició el adiestramiento en el oficio de rey y pronto estuvo en los actos importantes que realizaba su padre. Sigue leyendo