Alfonso IX de León y sus relaciones con otros reinos

En 1188, el rey Alfonso VIII comenzó a ocupar posesiones dentro del Reino de León, incluso Portugal comenzó a tener una actitud hostil, por lo que la situación a la que tenía que hacer frente Alfonso IX era una tarea de grandes dimensiones, pues se encontraba con un acoso por parte de los reinos vecinos, la situación económica del reino era desastrosa y además debía de asentar su reino.

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Alfonso IX. Miniatura del Tumbo A de la Catedral de Santiago de Compostela

Tras el ascenso al trono, Alfonso IX tuvo que hacer frente a la presión que ejercía su primo, el rey de Castilla, en la frontera, para ello se acordó una reunión en Carrión de los Condes en 1188, donde Alfonso IX es armado caballero por Alfonso VIII de Castilla, donde también se pactó un enlace matrimonial con una hija del castellano. Según Savador Martínez, la intención de Alfonso IX y de sus consejeros era buscar en esta reunión un enlace matrimonial para mantener la paz con Castilla, ya que el rey castellano había mantenido una actitud agresiva tomando algunas posesiones en territorio leonés tras la muerte de Fernando II[1], pero este enlace no se llegará a producir. La ruptura de este matrimonio viene dado por una serie de movimientos, entre los cuales se veía a Castilla como un gran rival por parte de los otros reinos peninsulares, por lo que se llega a la formalización de una confederación en 1190 de los reinos de Navarra y Aragón, y Portugal y León.

Inés Calderón sostiene que tras la reunión en Carrión, tuvo lugar un cambio en la política[2], pues presuntamente el rey leonés se ve humillado por tener que besar la mano de su primo, todo ello supondrá un acercamiento a Portugal, que se completa con un matrimonio con doña Teresa, hija de Sancho I rey de Portugal. Esta línea también es defendida por José Luis Martín[3], en base a una referencia que se encuentra en Las mocedades de Rodrigo, donde se cita que “este contubernio fue acordado por odio al rey de Castilla pues inficionado por sus cortesanos, se dolía Alfonso de haber recibido el cíngulo caballeresco de manos del rey de Castilla”.

El matrimonio entre Alfonso IX y Teresa de Portugal contó desde su inicio conla desaprobación del clero leonés, debido al grado de consanguinidad de los cónyuges[4]. La boda se celebró el 15 de febrero de 1191 en la ciudad portuguesa de Guimarães. Tras el enlace, el papa Celestino III, decide enviar a su sobrino, el cardenal Gregorio para analizar el caso, por el cual, en el concilio de 1192, se produce la sentencia de anulación del matrimonio. Sigue leyendo